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Impactos de la crisis sobre América Latina

Vik AdNetwork | 6:39 | 0 comentarios

América Latina ha experimentado a lo largo de su historia los típicos ciclos de auge y caída al ritmo del ingreso y salida de capitales externos, es decir, la evolución de la región está determinada por el comportamiento de la economía mundial. Un ejemplo fue la crisis rusa de 1998, que produjo una sequía crediticia y una huída en manada de los inversionistas de la región. El período 2004-2007 no fue la excepción. El ciclo expansivo de la economía mundial generó una etapa de auge en América Latina, interrumpido por la turbulencia financiera y el aumento de la aversión al riesgo originada en la bancarrota del banco de inversión Lehman Brothers en setiembre de 2008.

Los impactos de la crisis sobre América Latina ocurrieron a través de dos canales relacionados entre sí. En primer lugar, el choque de demanda externo. La recesión en la actividad económica global redujo la demanda por exportaciones de América Latina, lo que generó dos efectos. Por un lado, una brusca reducción en exportaciones, tanto en volumen como en precios y por otro, un deterioro de los términos de intercambio, debido a la disminución de los precios de los productos mineros. En segundo lugar, el choque financiero externo. El aumento de la aversión al riesgo de los inversionistas y las pérdidas sufridas por una serie de entidades financieras en el mundo llevaron a disminuir sus posiciones de riesgo en la región. Tres fueron las manifestaciones. Las restricciones en el acceso al financiamiento externo, la disminución de la liquidez, debido a la reducción en los préstamos de los bancos hacia la región y el endurecimiento de las condiciones crediticias en los mercados domésticos, debido a la presencia de sucursales de bancos extranjeros afectados por la crisis. Además de los dos efectos mencionados, el menor nivel de actividad económica en los países avanzados aumentó el desempleo y redujo las remesas de los trabajadores latinoamericanos hacia la región.

Entre 2004 y 2007, América Latina experimentó una aceleración del crecimiento, bajas tasas de inflación, tendencia a los superávit fiscales y externos y reducción de la deuda (como porcentaje del PIB). El resultado fue una mejora en las condiciones de vida, manifestado entre otros aspectos en una reducción de la pobreza. El auge se interrumpe en 2009 y el PBI regional disminuye en -1.9%. Durante el ciclo expansivo la relación deuda externa/PIB disminuyó de 20.6% en 2003 a 8.9% en 2008, el superávit externo creció hasta 2007 y el superávit fiscal se mantuvo entre 2004 y 2008. Inclusive la reducción de la pobreza de 44% en 2003 a 33% cinco años después es una muestra de los impactos del crecimiento económico alto y estable. Los indicadores mencionados reflejaron una posición macroeconómica sólida, mejor que aquella de las economías avanzadas; por esa razón la región emergió de la crisis con mayor rapidez y menos vulnerabilidades, a pesar de los resultados negativos de 2009. El ahorro fiscal financió los programas de estímulo económico sin necesidad de recurrir a deuda.

El ciclo expansivo ocurrió por razones externas e internas. La solidez macroeconómica interna coincidió con dos factores externos que no se presentaban en simultáneo desde la década de los setenta: altos precios de las materias primas y condiciones excepcionales de financiamiento externo. La reversión del entorno externo favorable desde setiembre de 2008 determinó los impactos sobre América Latina a través de tres canales: la disminución de las remesas, debido a la contracción de la actividad económica en los países avanzados; el canal comercial y el financiero. Desde 2002 una de las características de la economía mundial fue el auge en los precios de los productos primarios (commodities) debido, entre otros factores, al crecimiento rápido, alto y sostenido de China e India y a la mayor demanda por granos para la producción de biodiesel, en especial del maíz. En 2009 la crisis originó la reducción de los precios de los productos primarios, a excepción del oro, que mantuvo la tendencia al alza dado que es considerado un activo de refugio. En otras palabras, la profundización de la crisis llevó a un aumento en la demanda por oro, el activo más seguro del mundo.

Por el lado negativo, los aumentos en los precios del petróleo y los alimentos tuvieron un impacto inflacionario, que llevó a diversos bancos centrales a aumentar la tasa de interés de referencia. El precio del barril de petróleo alcanzó un pico histórico en el primer semestre de 2008. En términos nominales, el precio aumentó de US$ 100 dólares el barril en enero a US$ 140 dólares en junio de 2008. En términos reales superó el nivel que tuvo en noviembre de 1979, el mayor precio durante la segunda crisis petrolera. Los precios de los alimentos se duplicaron entre enero de 2006 y mayo de 2008. En ambos casos, la especulación magnificó los aumentos. Los efectos coinciden con el inicio de la crisis subprime. Una posible explicación es que los especuladores hayan huido del mercado de las hipotecas de alto riesgo y hayan encontrado en los alimentos y otros productos primarios, como el petróleo, una alternativa para continuar con sus actividades. En América Latina, 17 de los 20 países de la región concentran en tres o menos commodities más del 50% de las exportaciones totales y en 7 de ellos un solo producto explica más de la mitad del total exportado.

Ahora bien, el grado de impacto comercial de la crisis sobre cada país, dependió de los mercados de destino de las exportaciones. A mayor concentración de las exportaciones en las zonas más afectadas por la crisis, mayor impacto. México fue el más afectado por la crisis, debido a la concentración de sus exportaciones hacia Estados Unidos, epicentro de la crisis. En contraste con México, economías más diversificadas en términos de mercados de destino, como Brasil, Chile y Perú, han aumentado su participación en los mercados asiáticos. La mayor diversificación atenuó los impactos de la crisis. Sin embargo, la diversificación de los mercados de destino es tan importante como la desconcentración de las exportaciones en pocos productos. El caso extremo es Venezuela que exporta sólo petróleo.

América Latina ha atravesado por períodos de fuerte turbulencia financiera externa. Sin embargo, existen dos diferencias de la primera crisis financiera internacional del siglo XXI con aquellas de la década de los noventa. En primer lugar, el choque fue originado en el sector financiero de las economías avanzadas, en especial en los Estados Unidos y no en otras economías emergentes. En segundo lugar, la reducción de la deuda externa pública durante el período de auge, aumentó el margen de maniobra del gobierno para estabilizar los mercados privados. Hasta agosto de 2007, como ha sido visto, el entorno externo era favorable para la región. El influjo de capitales y el superávit externo contribuyeron con la acumulación de reservas internacionales La idea es la siguiente. Durante el período expansivo el influjo de capitales privados y el aumento en las exportaciones fue la norma. El mayor ingreso de dólares generó una tendencia a la reducción del tipo de cambio nominal (en términos simples, bajó el dólar) y los bancos centrales con el objetivo de evitar una disminución brusca compraron parte de esos dólares que fueron a incrementar el nivel de reservas. De este modo, la región tenía un alto nivel de reservas, a diferencia de la situación en la cual se encontraba cuando estallaron las crisis de Asia oriental (1997) y Rusia (1998), es decir, tenía como defender al tipo de cambio en caso de una salida brusca de capitales.

Entre los canales financieros destacó la desaceleración de los flujos privados de capital. En 2009 la región recibió menos capitales que el promedio de la década, a pesar de los sólidos fundamentos macroeconómicos. En momentos de pánico financiero, los inversionistas no distinguen entre países con o sin fundamentos macroeconómicos adecuados. El tercer trimestre de 2008 marcó el inicio de la contracción de los influjos de capital. La inversión en portafolio pasó de US$ 38.4 en 2007 a US$ -20.6 miles de millones de dólares en 2008. La inversión extranjera directa mostró mayor estabilidad. El financiamiento bancario disminuyó a partir de setiembre de 2008, a medida que los bancos internacionales asumieron una mayor cautela debido a la turbulencia financiera.

En síntesis, América Latina no experimentó una crisis financiera y resistió los embates de la primera crisis financiera internacional del siglo XXI. Finanzas públicas ordenadas, inflación controlada, tipos de cambio flexibles, regulación y supervisión bancaria adecuada y bajos niveles de deuda pública como proporción del PIB, configuraron un escenario que posibilitó la aplicación de políticas fiscales contracíclicas sin necesidad de recurrir a un aumento en el endeudamiento. Y esta característica diferenció a América Latina de Europa, que financió los programas de estímulo económico con deuda pública.


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