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La Sociedad de la Desconfianza

Vik AdNetwork | 15:05 | 0 comentarios

Hace 22 años Felipe Ortiz de Zevallos y el que escribe hicimos un pequeño libro titulado "Respuestas para los 90's", en medio de la crisis flagrante de inflación, apagones y terrorismo que azotaba al Perú por esos años. Allí diagnosticamos que uno de los grandes problemas que sufriríamos en el Perú era la desconfianza -entre unos y otros, frente a las autoridades y a las instituciones. Eso no debía sorprendernos, dadas las circunstancias terribles de esa época. Lo que llama la atención es que seguimos siendo una sociedad desconfiada, pese a dos décadas de rápido progreso económico y visibles mejoras materiales.

¿Qué pasa? La principal falencia de las dos últimas décadas ha sido que no hemos construido un sistema institucional acorde con nuestro progreso económico. Citemos algunos ejemplos:

A pesar de que hay muy buenos y esforzados jueces, la imagen del Poder Judicial es una de corrupción. Fallos inexplicables -lavado de dinero, asesinatos, entre otros casos- ocurren de un día para otro sin justificaciones creíbles. El Consejo de la Magistratura ha sacado a jueces, pero la mala realidad y lógicamente la mala imagen persisten. El Congreso -a continuación- y el sistema judicial son los poderes del Estado menos respetados según la mayoría de encuestas. ¿Cómo queremos que se respete la ley en esas circunstancias?

El Congreso, el símbolo más representativo de la democracia, recibe una percepción igualmente deficiente. Se está haciendo un esfuerzo de limpieza -más de la mitad de los legisladores han tenido o tienen posibles casos en la Comisión de Ética- pero el desprestigio sigue. Aparte de estos problemas de imagen moral, el Congreso debe mejorar su comunicación al público, explicando las propuestas legislativas. En vez de proponer la creación de un centro recreativo para los congresistas, se debería promover la creación de un verdadero centro de referencia legislativa en el cual se pueda evaluar si la legislación propuesta contradice otra legislación y cuál es su costo directo e indirecto. Hoy hay más de 29.000 leyes, muchas ya eliminadas y otras que se contradicen entre sí, generando oportunidades de trabajo para los abogados, pero al mismo tiempo dificultando la inversión. La integración legislativa prometida no se ha hecho.

En reacción a la autocracia de los años 90, en el 2001 se promovió la creación de "regiones" (en realidad los antiguos departamentos, cada uno con su "presidente"). Después de diez años de este nuevo sistema, el cual añade un peldaño más a la ya lenta burocracia del Estado, conviene evaluar cómo se puede mejorar. Las regiones reciben ingentes recursos (canon más transferencias para educación y salud), pero la mayoría de sus inversiones avanzan a ritmo de tortuga. Hay frustración en la población, que algunos gobiernos regionales explotan, promoviendo la agitación y el subdesarrollo, a veces con fondos del Estado.

Los procedimientos burocráticos siguen a la orden del día. Las tasas altas de impuestos (sobre todo IGV y rentas) y los procedimientos engorrosos promueven la informalidad. La multiplicación de empresas informales -por ejemplo, en minería- es en parte el resultado de la casi imposibilidad para pequeñas empresas de cumplir los complicados requerimientos, que además van cambiando con el tiempo.

Se ha logrado bastante en simplificación burocrática pero estamos muy lejos de haber llegado a un sistema eficiente. Para llegar a una mejora que realmente se sienta y genere confianza en el público necesitamos una administración pública más entrenada y mejor remunerada. Por ejemplo, el último aumento significativo en la remuneración básica de la policía fue hace 6 años. Entre tanto se han dado algunas bonificaciones no pensionables. No nos debe sorprender que algunos policías pidan "ayudas" y que la confianza en la policía siga casi tan baja como hace 20 años, pese a muchos sacrificios como los recientes del VRAE.

El Perú ha mejorado mucho en los últimos 20 años. El Producto Bruto Interno se ha cuadriplicado, la pobreza ha bajado a la mitad, y la caja fiscal y las reservas engordan. Es hora de aprovechar esta bonanza para hacer verdaderos cambios, no sólo en el Estado sino también en las actitudes en la sociedad. Hay tanta gente esmerada y servicial que trata de ayudar y progresar, pero el sistema todavía no se ha adaptado a lo modernidad. Huele a burocracia y feudalismo.
Pedro Pablo Kuczynski (PPK)



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