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Cuidado con el ‘keynesianismo'

Vik AdNetwork | 14:42 | 0 comentarios

Por: Paul Krugman
George Osborne, el ministro de Hacienda de Reino Unido y artífice de sus políticas de austeridad, acaba de dar un giro de 180º (aunque, por supuesto, no lo reconoce).

Jonathan Portes tiene la prueba incriminatoria: en un blog publicado hace poco, el director del Instituto de Investigación Económica y Social británico señalaba que las premisas por las que la nueva política de subvenciones a la inversión privada —incluida la inversión en infraestructuras— mediante garantías de préstamos tiene sentido son exactamente las mismas premisas por las que el gasto público financiado mediante deuda en, por ejemplo, infraestructuras, tiene sentido.

“El Gobierno ha reconocido ahora el argumento intelectual y económico”, escribía Portes en su blog del 15 de junio. “Esperemos que ahora inicie el necesario cambio de política que hemos estado pidiendo, como quiera que decidan llamarlo”.

Entonces, ¿por qué canalizar el dinero hacia sociedades anónimas privadas mediante garantías de préstamo en vez de limitarse a hacer lo obvio y restituir los enormes recortes que se han realizado últimamente en la inversión pública?
Lógicamente, una respuesta sería que el hacerlo equivaldría a reconocer implícitamente que el Gobierno de David Cameron acaba de desperdiciar dos años haciendo exactamente lo que no debe. Por supuesto, lo ha hecho, y por lo visto ha caído en su error; pero, presumiblemente, el Gobierno espera que el privatizar el proceso confunda a suficiente gente como para rehuir la responsabilidad.

Pero señalemos también que el canalizar fondos a través del sector privado brinda una oportunidad para obsequiar generosamente a los amigos. Claro que, para ser justos, también la brinda la contratación pública; pero esa es una actividad conocida, con normas y garantías bien establecidas. Esto sería algo nuevo, que podría posibilitar el colar algunas concesiones en las que nadie se fija.

A mí me parece que Osborne ha dado con un nuevo truco político que por la presente denomino keynesianismo de amigotes, que consiste en aplicar políticas cuya lógica requiere gasto público, pero que en lugar de eso adoptan la forma de incentivos a intereses privados favorecidos.

Desde un punto de vista macroeconómico, hasta el keynesianismo de amigotes es mejor que una austeridad destructiva y continuada. Pero debemos ser conscientes de lo intrínsecamente extraño que es, y lo propenso a los abusos.

Un aniversario mítico

Se acerca el segundo aniversario de mi columna Mitos de austeridad, en la que traté de echar por tierra la opinión general, sencillamente descabellada, que entonces prevalecía entre la Gente Muy Seria. Desde el punto de vista intelectual, fue, creo que puedo decirlo sin falsa modestia, una gran victoria: yo (y los que piensan como yo) hemos acertado en todo. Pero no he conseguido impedir el terrible giro equivocado en la política. Es más, que yo sepa, ninguna de las personas responsables de ese mal giro ha pagado ningún precio, ni siquiera en reputación; todavía se les considera muy serios, y se les profesa un gran respeto. Y la tendencia política que impulsa ese terrible análisis económico tiene al menos un 50% de posibilidades de triunfar en Estados Unidos. Qué se le va a hacer.

Entretanto, Ed Balls —al que deduzco que los muy serios miembros del Partido Laborista han estado a punto de obligar a renunciar a un puesto de liderazgo— ha estado en lo cierto todo el tiempo, y ahora tiene un nombre estupendo para la fracasada receta política: puesto que sus defensores eran Cameron, la canciller alemana Angela Merkel y el expresidente francés Nicolas Sarkozy, lo llama economía Camerkozy.

Bien hecho.

Traducción de News Clips.

© 2012 New York Times


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