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El hambre ya no se reduce tan rápido en Latinoamérica

Vik AdNetwork | 20:24 | 0 comentarios

Latinoamérica es la región del mundo que más ha reducido el hambre en las dos últimas décadas. Sin embargo, en los últimos tres años la cantidad de indigentes ha disminuido de manera más lenta y además se encuentra amenazada por el alza de los precios de las materias primas. Resulta curioso que en un subcontinente que es potencia en producción de alimentos, su encarecimiento representa una oportunidad porque supone mayores ingresos para los productores y para las agencias tributarias, pero también un riesgo porque muchos pobres carecen de acceso a la tierra o a los ingresos suficientes para comprar lo básico necesario para alimentarse bien. 
En 1990/1992, unos 65 millones de latinoamericanos padecían hambre. En 2000, todos los países del mundo se comprometieron con los Objetivos del Milenio a reducir la indigencia de 1990 a la mitad en 2015. En 2004/2006, después años de crecimiento económico, aumento del empleo y de los ingresos laborales e introducción de políticas sociales en favor de la redistribución del ingreso (antes y después de este periodo se crearon subvenciones para los más pobres en las principales economías de la región), el número de hambrientos cayó a 54 millones. En 2007/2009, a 50 millones. Pero en 2010/2012 se desaceleró la mejora y la cantidad se contrajo a 49 millones, según reveló este jueves la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, según sus siglas en inglés) en su sede regional de Santiago de Chile. Esto significa que un 8,3% de la población de la región “no ingiere las calorías diarias necesarias para llevar una vida sana”, según la FAO.

"Aunque se mantiene la tendencia a la reducción en el número de personas afectadas por el hambre, disminuyó su ritmo", lamentó el organismo de la ONU. "En 2012, el impulso al crecimiento que han tenido las economías de los países de la región no se ha traducido en una disminución de la vulnerabilidad a la que está expuesta una parte de la población del continente", dijo el representante de la FAO para el hemisferio, Raúl Benítez. Además, las economías latinoamericanas ya no crecen tan rápido como antes de la Gran Recesión mundial de 2008/2009. La persistencia del hambre "no se explica por una insuficiente producción o por falta de abastecimiento alimentario, salvo en situaciones de catástrofe, sino que se debe fundamentalmente a la falta de acceso a los alimentos por parte de un sector importante de la población, que no cuenta con ingresos suficientes para adquirirlos", añadió la organización.

Los países más afectados por el flagelo en Latinoamérica son Guatema­la (30,4% de la población), Paraguay (25,5%) Bolivia (24,1%) y Nicaragua (20,1%), según datos oficiales de cada uno de los países, que son los que utiliza la FAO. Cuba, Argentina, Chile, México, Uruguay y Venezuela "han logrado erradicar el flagelo del hambre”, dado que sus estadísticas lo sitúan en menos del 5%, “mientras que países del Caribe, como República Dominicana y Haití, y otros de Centroamérica, como Guatemala, se han estancado o han desacelerado la reducción del hambre", dijo la FAO. Sin embargo, los datos de Argentina despiertan polémica: mientras que el Instituto Nacional de Estadística dice que la indigencia ascendía a solo el 2,1% en 2011, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) la calculaba en el 5,4%, aunque en franco descenso respecto del 10,2% de 2009. Es decir, para el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, hay 840.000 argentinos con hambre, pero la UCA considera que existen 2,1 millones. Es decir, a partir de los datos de esta universidad, se puede calcular la cantidad de indigentes latinoamericanos en 50 millones, en lugar de 49 millones. Un millón de hambrientos más o menos no da lo mismo.

"Gran parte de los países han reducido la proporción de población con hambre, entre los que se destaca Brasil, donde el hambre disminuyó fuertemente en términos absolutos y relativos", destaca la FAO. Para ver el porcentaje de indigentes de cada país, observemos el siguiente cuadro:
Los progresos en términos de reducción de la indigencia pueden verse afectados por el encarecimiento de los alimentos. No es que la región se encuentre inmune por ser productora y exportadora de ellos. "El alza de los precios de los alimentos y las oscilaciones que afectan desde 2007-2008 a la economía mundial, y en particular a la región, constituyen una amenaza a la seguridad alimentaria y nutricional de los hogares más pobres y vulnerables, que son los que destinan una mayor proporción de sus ingresos a la alimentación", advirtió la FAO. Entre junio y agosto 2012, el precio promedio del maíz aumentó un 25%; el de la soja, un 20% y el del trigo, un 26%.

El organismo de Naciones Unidas atribuye los riesgos en parte a que "América Latina y el Caribe aún muestra niveles de desigualdad muy altos", los más elevados del mundo, pese a su inédita disminución en la última década. Las subvenciones a familias pobres son percibidas por 118 millones de latinoamericanos, mientras que las escuelas públicas han reforzado en general la provisión de alimentos a sus alumnos, más allá de los problemas que en la actualidad se denuncian en regiones como la provincia de Buenos Aires. La FAO alienta estas políticas, pero también aboga el incremento del porcentaje de trabajadores que contribuyen a la Seguridad Social, que era del 37,9% en 2008, y por el fomento de la agricultura familiar. 

"Nos estamos acercando (al Objetivo del Milenio), pero perdimos velocidad y vigor, porque hay otro fenómeno incierto de la recesión internacional y, como región agroexportadora, si no exportamos no tenemos cómo abastecer ese espacio fiscal para financiar las políticas sociales", opinó Adoniram Sánchez, experto de la oficina regional de la FAO. En realidad, el mundo no se encuentra en recesión sino que viene desacelerando su crecimiento, aunque en las últimas semanas ha habido señales positivas de las economías de EE UU y China, claves para los desempeños exportadores de México y Centroamérica, por un lado, y Sudamérica, por el otro. No obstante, el comercio internacional sí está en caída y así lo han demostrado las estadísticas del segundo y del tercer trimestre del año. No por nada países como México y Perú han anunciado estrategias para compensar sus menores exportaciones afuera de la región con mayor ventas a los países latinoamericanos. En ese plan, México oficializó este jueves su reclamación ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) contra las restricciones de Argentina a las importaciones. 

La otra cara de la seguridad alimentaria es el sobrepeso. Muchas familias pobres cuentan con ingresos suficientes para alimentarse, pero no con productos sanos. Es habitual, por ejemplo, ver en los barrios pobres de Buenos Aires muchos casos de obesidad porque sus habitantes solo cuentan con recursos para comprar alimentos ricos en harinas, como pastas, pizzas y empanadas, y no para llevar adelante una dieta balanceada. En la mayor parte de los países latinoamericanos, la obesidad en adultos es superior al 20%, y es aún mayor en México (33%), Venezuela (31%), Argentina (29%) y Chile (29%). En 2010, el sobrepeso y la obesidad en menores de cinco años afectaban a más de 2 millones de niños en Sudamérica, un millón en Centroamérica y cerca de 300.000 en el Caribe.

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