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Divisas, mucha dialéctica

Vik AdNetwork | 13:59 | 0 comentarios

La amenaza de una guerra de divisas ha vuelto a copar los titulares en las últimas semanas, con el añadido de que, en esta ocasión, son los países desarrollados los que han mantenido enfrentamientos públicos al respecto. Hasta ahora, habían sido países emergentes, como Brasil, los que se habían quejado del impacto que tenía sobre sus mercados y sus monedas las políticas expansivas de los países industrializados. En esta ocasión, la unanimidad entre los expertos de Economismo es prácticamente total: las perspectivas de una guerra de divisas no son reales. Así que, por ahora, todo queda en un enfrentamiento verbal sin consecuencias sobre las políticas ni los mandatos de los bancos centrales. Los tanques se quedan en casa.

José Luis Martínez, estratega de Citigroup para España, hace suyo el análisis de Olivier Blanchard, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), que atribuye los actuales movimientos cambiarios a “la respuesta de las divisas a unas decisiones de política económica” que en el caso de Japón pasa por llevar al límite la expansión económica y monetaria “lo que se traduce en un yen más débil”. Martínez sostiene que es lo mismo que ha pasado con la libra y con el dólar, y recuerda que solo las autoridades brasileñas han hablado del efecto negativo que las políticas expansivas de los países desarrollados han tenido sobre los activos en otras divisas, mientras que China se ha visto afectada por el mayor riesgo inflacionista. “En definitiva, hablar de guerra de divisas es un tanto precipitado”, apunta. Sin embargo, Martínez admite que “todo esto no debe restar preocupación sobre el potencial impacto de todas las políticas expansivas, que pueden no solo generar excesos, infravalorar el riesgo sino también llevar a un mal funcionamiento de los mercados financieros”.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research (CEPR) en Londres, matiza: “No hay guerra de divisas, pero muchos países tratan de depreciar sus divisas para mejorar sus exportaciones y crecer más, salvo el área euro”. Y hace repaso de quienes han apostado por esa depreciación: el Banco de China —“durante años”—, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional suizo y ahora el Banco de Japón, que apuesta por medidas de relajación cuantitativa “para duplicar su inflación, depreciar el yen y exportar más”. De la Dehesa explica que el BCE, pese a la recesión en que está sumida la eurozona, no reduce la apreciación de la divisa, al esterilizar su relajación cuantitativa debido al mandato de mantener la inflación a medio plazo por debajo del 2%. “Importa menos, mientras Estados Unidos y los emergentes importan más por crecer más rápido”.

La larga duración de la crisis explica, según José García Solanes, catedrático de la Universidad de Murcia, la respuesta de muchos Gobiernos. “Cuando las recesiones se prolongan excesivamente por falta de demanda, como está sucediendo actualmente en muchos países occidentales, los Gobiernos nacionales se ven tentados a devaluar o depreciar artificialmente sus monedas para mendigar en las casas de los vecinos”, apunta. Es lo que intenta hacer Japón, dice García Solanes, y lo que está haciendo China desde hace años. Con objeto de mantener un nivel muy alto de exportaciones. “El resultado es que todos los países involucrados salen perdiendo”, subraya. Un juego en el que, a juicio del catedrático murciano, el Banco Central Europeo (BCE) no puede entrar “porque nadie le puede sustraer su independencia ni imponerle cambios en su política monetaria”, lo que sitúa a los países de la zona euro en inferioridad de condiciones. García Solanes cree necesario acuerdos internacionales que frenen esta incipiente confrontación, aun admite que es difícil calcular el grado de sobrevaloración o infravaloración. “De acuerdo con los cálculos de muchos investigadores y de varios organismos internacionales, el euro se encuentra sobrevalorado, entre un 4% y un 10% y el yuan chino estaría infravalorado entre un 15% y un 25%”.

Juan Ramón Cuadrado, catedrático de la Universidad de Alcalá, también apela a la “sensata y atinada” opinión del economista jefe del FMI para considerar exagerado el riesgo de una guerra de tipos de cambios, un temor —dice— que “no tiene un fundamento serio” y que probablemente se esté moviendo por los operadores a corto en los mercados de divisas. “Todo indica que Europa no va a participar en esa hipotética guerra”, dado el temor de Alemania a impulsar la inflación mediante actuaciones monetarias y pese a que “se estima una sobrevaloración del euro frente al dólar del 7% al 10%”. En todo caso, dice Cuadrado, hay suficientes experiencias sobre los magros resultados que se derivan de las devaluaciones “que no conviene tropezar en ese pedregal”. Europa ha apostado —“creo que acertadamente”, dice— por las devaluaciones internas, con reducciones en los costes y mejoras en la productividad para fomentar la exportación y ser más competitivos, como están haciendo varios países, entre ellos España, según recuerda el profesor. “En definitiva, no creo que, al menos desde la óptica europea, se entre en una poco probable guerra de divisas, cuyos resultados no serían buenos para nadie y, por supuesto, contrarios a la salida europea de la crisis y su consolidación”.

Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School, tampoco ve riesgos de una guerra de divisas como tal. “Lo que ocurre, a grandes rasgos, es que la economía mundial se está recuperando a ritmos diferentes, dependiendo de la ubicación geográfica, y con políticas diferentes para impulsar esa recuperación”, apunta. De hecho, la mayor agresividad de las expansiones cuantitativas en países como Estados Unidos y Reino Unido han acabado redundando en una depreciación de sus divisas respecto al euro, subraya el catedrático. A esas políticas quiere sumarse Japón, tras la llegada de Shinzo Abe al poder, “mientras que en Europa hay una situación algo histriónica en la que los mercados de deuda soberana andan algo más calmados mientras que los fundamentales de la economía son débiles”, aclara Carbó. En su opinión, el capital ha vuelto en parte a Europa por su apuesta monetaria supuestamente decidida y liderada por el BCE, “pero es una promesa al fin y al cabo, no una realidad”, que a largo plazo sería el crecimiento y la inversión. Al final, augura Carbó, el capital, y derivado de ello la fortaleza de la divisa, acabará yendo a donde haya mayor expectativa de crecimiento futuro respecto al actual y “en Europa no está muy claro de momento que ese crecimiento se vaya a consolidar”. 

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