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Fuera de la realidad

Vik AdNetwork | 9:48 | 0 comentarios

Por: Paul Krugman | 20 de marzo de 2013

Un reciente artículo en internet del economista de Oxford Kevin O’Rourke me remitía a Financial Times, que daba la noticia de que varios funcionarios de la Comisión Europea habían publicado algunos tuits indignados en contra del que suscribe. Ya ven, he sido malo con Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión. Y la respuesta de la Comisión ilustra perfectamente por qué hago lo que hago.

Lo que nunca habrían deducido de esos tuits indignados es que todas mis críticas estaban fundamentadas. Nunca he afirmado que la madre de Rehn fuese un hámster y que su padre oliese a bayas de saúco; he señalado que lleva años prometiendo que la austeridad dará buenos resultados sin modificar su retórica ni un ápice a pesar del continuo aumento del paro y de que, ante los estudios que indican que la austeridad tiene efectos negativos más importantes que los previstos por él y sus compañeros, su respuesta ha consistido en quejarse de que esos estudios minaban la confianza

Es de lo más revelador que eso que Financial Times ha calificado de “ataque especialmente cruel” era de hecho mi resumen del trabajo del economista Paul DeGrauwe, quien indica que la austeridad europea ha sido profundamente desatinada, y a lo largo del cual citaba a Rehn reafirmando, una vez más, la antigua fe en la austeridad.

Ahora bien, es cierto que utilicé un lenguaje pintoresco, pero tengo una razón para hacerlo. “Las palabras deberían ser un poco salvajes”, decía John Maynard Keynes, “porque son el ataque de los pensamientos contra la falta de reflexión”.

Exactamente.

En su blog, O'Rourke hace referencia a las “aisladas élites de Bruselas”, lo cual da de lleno en el problema. La dignidad del cargo puede ser terrible para la claridad intelectual: uno puede pasarse años en pie tras un atril o sentado a la mesa de una sala de juntas bebiendo agua embotellada, haciendo los mismos comentarios sentenciosos una y otra vez, sin que nadie le señale nunca lo tremendamente equivocado que ha estado en todo momento. Los de fuera tenemos que hacer todo lo posible por romper ese aislamiento, y sin duda el ridículo es una técnica útil.

Hay un tuit especialmente revelador de un portavoz de la Comisión sobre lo “mediocre” que les parecí cuando visité la comisión en 2009. No cabe duda; no soy un tipo imponente. (He vivido la experiencia de que las personas que debían recogerme en el aeropuerto pasasen de largo y al final me dijesen: “Pensábamos que era más alto”). Y por mi vida que no recuerdo nada sobre la visita a la Comisión.

Aun así, ya pueden ver lo que estas personas consideran importante: da igual que finalmente haya resultado que uno estaba en lo cierto o equivocado respecto al impacto de la política económica, lo que importa es que la imagen que uno da sea impresionante. Y seamos claros: esto es importante. La economía europea se encuentra en una situación desastrosa; y lo mismo sucede, cada vez más, con el proyecto político europeo. Podrían ustedes pensar que a los eurócratas les preocuparía esa realidad por encima de todo; en vez de eso, se centran en defender su dignidad frente a los economistas de lengua afilada.

© 2013 New York Times
Traducción de News Clips.

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