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Moneda común, destino común

Vik AdNetwork | 11:16 | 0 comentarios

Por: Paul Krugman | 18 de junio de 2013

En EE UU, es triste cuando tus amigos se marchan; en Europa, puede ser una tragedia. Allá por la década de 1960, surgió un nuevo concepto en la macroeconomía internacional: la teoría de la zona monetaria óptima. La pregunta a la que trataba de contestar era cuándo deberían los países adoptar una moneda común.

Todo el mundo señalaba que, al adoptar una moneda común, los países renunciaban a gran parte de su independencia política; la cuestión era qué coste tenía eso y hasta qué punto era beneficioso.

Una variante, propuesta por el economista Ronald McKinnon, hacía hincapié en la cantidad de comercio. Cuanto más comercian dos países, mayores son las ventajas de no tener que cambiar las monedas, y supuestamente también se necesitará un menor ajuste para corregir los desequilibrios comerciales.

Otra (en realidad el primer artículo sobre el tema), de Robert Mundell, se centraba en la movilidad laboral: no necesitas tanta independencia política si los trabajadores en paro pueden ir donde están los empleos.

Una tercera, destacada por mi ya fallecido compañero de Princeton Peter Kenen, resaltaba la integración fiscal: si los países o las regiones comparten presupuestos comunes para los programas importantes, habrá muchas compensaciones automáticas para las “crisis asimétricas”.

Como he mantenido en el pasado, resulta que Kenen, y no Mundell, es la mejor guía para los problemas actuales en Europa. Y aunque no he pensado en ello hasta ahora, existe incluso un argumento para defender que la movilidad laboral dentro de Europa está en realidad empeorando el problema al hacer que el euro sea menos sostenible.

Frances Coppola, una analista económica, documentaba recientemente en su blog las extraordinarias tasas de emigración entre los jóvenes en las economías europeas afectadas por el desastre, algo que no resulta realmente sorprendente cuando tienes en cuenta los increíbles niveles de desempleo juvenil. Pero como ella dice, una vez que esos jóvenes se marchen, ¿quién pagará los impuestos para mantener a los jubilados?

La cuestión es que la interacción entre Estados del bienestar importantes, una movilidad laboral relativamente elevada y la falta de integración fiscal en una zona monetaria pueden resultar realmente devastadoras.
© 2013 The New York Times
Traducción de News Clips.

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