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Sostenibilidad: empresa, formación y pasión

Vik AdNetwork | 8:21 | 0 comentarios

Por: Profesores EOI | 11 de junio de 2013

 SOSTENIBILIDAD

Hoy en día, se hacen predicciones de todo tipo, pero cuando estas se adivinan ambiguas y por tanto re-interpretables, la conciencia colectiva reacciona instintivamente acogiéndolas con incredulidad. Además, si se le satura de predicciones sobre el mismo concepto, por lógica estadística la mayoría serán fallidas, lo que refuerza el rechazo a confiar de cualquier previsión futura. Es algo que ocurre por ejemplo en Economía o en el ámbito de los efectos del Cambio Climático donde por muy evidentes que sean los conceptos, no se actúa con la determinación necesaria, movidos por la desconfianza a correr el riesgo de perder el pan de hoy, por un potencial pan para mañana.

Pero sin embargo hay dos aspectos del futuro que, por inercia, gozan de cierta credibilidad:

La sociedad se hará más intercultural, con movimientos, ya no solo de personas, sino de cargas de trabajo, desde y hacia lugares remotos.
Es imprescindible el uso de las nuevas tecnologías de información, análisis y comunicación. La sostenibilidad (y la eficiencia como componente imprescindible de ésta) se está consolidando como argumento básico de una sociedad moderna para garantizar su competitividad, presente y futura. Como concepto, se extiende a todos los sectores de actividad y hábitos de comportamiento, desde el consumo energético, la actividad industrial o la alimentación, y también la educación.

Y basados en esta creencia, la sociedad, en algunos lugares más rápido que en otros, se va adaptando para competir y progresar, para asegurar su propia sostenibilidad.

EMPRESA

La mayoría de las empresas son conscientes de esta realidad, y buscan profesionales para moverse en esta dirección, pero no solo profesionales para cubrir áreas de competencia específicas en estas materias, sino profesionales que en cualquier ámbito de su actividad actúen implícitamente con estas premisas (interculturalidad, tecnología y eficiencia).

Y es aquí, donde la formación de muchos de nuestros estudiantes que se incorporan al mercado laboral debe compararse con la de otros países.

FORMACIÓN

Durante los últimos años viajando, en relación con otros entornos profesionales y geográficos, observo que hay diferencias sistémicas con otras nacionalidades, algo que por otro lado ya ha sido identificado como uno de los lastres de la competitividad de nuestra economía, de nuestro tejido social.

Pero soy optimista, porque la distancia que nos separa de los países mejor preparados profesionalmente es fácil de recuperar, porque esta distancia está compuesta por elementos fáciles de corregir, meras cuestiones técnicas no cubiertas por los centros educativos en general, y otras que forman parte de nuestra cultura, y que una vez superadas harán que el potencial humano ocupe el papel protagonista que le corresponde en el desarrollo económico de nuestra sociedad, adaptándose a la nueva realidad mundial.

Las carencias formativas que se observan mayoritariamente son tres (obviamente son muchas las excepciones que hay, pero aquí me refiero a la clase media de la educación, del centro de la campana de Gauss, de casi todos):

- Idiomas. Desde hace decenios es la carencia fundamental. No poder comunicar invalida, por mucho que haya para ofrecer.

- Gestión del propio valor. Un aspecto común a cualquier especialidad es la necesidad de saber cómo poner en valor el conocimiento o las habilidades propias. Saber aprovechar directamente, por iniciativa propia, los conocimientos adquiridos parece obvio, pero son muchos titulados (la mayoría me atrevería a decir) que por una razón u otra, no son capaces de emprender por sí mismos disponiendo de un altísimo valor que el mercado demanda.

- Habilidades complementarias. Un conocimiento experto es necesario pero no suficiente, es imprescindible complementarlo con:

(i) Capacidad y habilidad técnica: disponer de habilidades y recursos técnicos de otras especialidades formativas (por ejemplo la informática para un abogado, o las leyes para un informático).

(ii) Capacidad de relación: trabajo en equipo, habilidades comunicativas y de liderazgo, capacidad de planificación, resolución ‘adhocrática’, etc. Actualmente pocas escuelas incluyen esta formación pero sí hay interesantes propuestas, como parecen las que siguen las estructuras de aprendizaje cooperativo (Spencer Kegan).

Desde luego que estas tres líneas no definen toda la realidad del problema, son carencias básicas que reducen la competitividad de nuestros profesionales; se sorprenderían de cuántos titulados superiores acuden a entrevistas de trabajo sin estar preparados en cualquiera de estos ámbitos.

Pero además de la capacitación profesional, hay aspectos sociológicos íntimamente relacionados con esta, que deben ser considerados causa y a la vez consecuencia de ella.

Efectivamente, la percepción propia de estas carencias, al no actuar para paliarlas, fulmina el valor necesario para lanzarse a emprender, o desplazarse, para trabajar en aquello donde de verdad uno encuentra su motivación personal, resignándose a no emprender, a trabajar con el simple objetivo de mantener una calidad de vida, o incluso de subsistir, perdiendo la sociedad dinamismo y capacidad de adaptación, haciéndose vulnerable.

PASIÓN

Y es que por un lado, cuando se está preparado para emprender en aquello que ilusiona, se dispone de tal potencia de motivación que impulsa y potencia el desarrollo personal, y profesional. Cuando confluyen la capacidad y el interés en una misma actividad (‘El Elemento’, como lo define Ken Robinson), ésta se desarrolla con pasión, otorgando el valor necesario para emprender y superarse.

Por otro lado, la inmovilidad geográfica, ya sea por decisión propia o como resultado de impedimentos ajenos, actúa potenciando las carencias formativas de la sociedad, y lo que es peor, influyendo negativamente sobre las siguientes generaciones.

Y dado que la sostenibilidad y la competitividad de una sociedad, tienen uno de sus pilares en la educación, en una adecuada formación, es aquí donde soy optimista, porque los valores más difíciles de obtener están:

- Acceso a una formación técnica de alto nivel, incrustada hasta la médula en nuestra estructura educativa.

- Compromiso y capacidad de trabajo, valores que aquí siempre aparecen en entornos profesionales, cuando están correctamente motivados.

Pero lo que hace falta también es sencillo. Esa capacidad adicional está al alcance de cualquiera, tan solo falta la propia convicción de su necesidad, y de que verdaderamente es accesible.

En definitiva, que tenemos un buen producto, al que solamente le faltan las instrucciones en inglés, la comercialización y el envoltorio, elementos simples de introducir en la formación, para lograr que la pasión que por estas latitudes abunda impregne nuestro tejido productivo, y el potencial humano disponible, el verdadero motor de desarrollo, arranque en toda su amplitud.

Y hay buenos ejemplos en el pasado reciente, como el de las energías renovables, un sector industrial de primer nivel, que eclosionó hace pocos años de una semilla con tintes románticos e incluso utópicos, donde la formación reglada era escasa o nula, y donde España es ahora una potencia tecnológica y empresarial. Másteres y cursos en energías renovables han sido una herramienta fundamental para cubrir las diferencias entre la universidad o la formación profesional y la realidad industrial de un sector en revolución, donde los profesionales españoles han encontrado las herramientas para desarrollarse en aquello que les motiva, y ahora los encontramos por cualquier parte del mundo.

Ignacio Lainez Aracama, Profesor Energía Eólica en EOI y Director de Evaluación Energética- EDP Renewables

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