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Índice de competitividad en el Perú

Vik AdNetwork | 7:24 | 0 comentarios

Por David Ritchi

En Cien Años de Soledad, el gitano Melquiades aparece cada mes de marzo en Macondo. Con alboroto de pitos y timbales, armaba una feria en la que presentaba las novedades, como el imán y la lupa. En ese momento, Melquiades era el mensajero de lo real, de la ciencia y la tecnología, esa que se conocía más allá de la localidad cerrada de Macondo. Melquiades es quien tiene la llave del futuro.

En la modernidad real y global de nuestros días, Michael Porter aparece todos los meses de febrero con sus ideas convertidas en el Índice de Competitividad Global, elaborado por el World Economic Forum. Allá por el año 2009, fue recibido entre bombos y platillos por los capitanes de la industria y del gobierno en Lima. Una feria de celebración del balance positivo de la economía y de perspectivas aún mejores, y quizás, ¿por qué no?, buen momento para comparar los logros del gobierno -versión 2- del entonces presidente García.

Sus anfitriones, los capitanes de la economía y del gobierno, se quedaron 'estupefactos' (ese fue el término empleado en el título del artículo por el periodista César Hildebrandt) con la sentencia del invitado. En palabras que evocan el 'Síndrome del Cangrejo' parecía decir: "avanzan en su habitual retroceso".

"...el Perú ha vivido estos años "una ilusión exportadora" porque las cifras en azul proceden del alza de las materias primas, mientras que la exportación de productos con valor agregado permanece inmóvil... El Perú padece de un atraso dramático en relación a la invención y la tecnología... El Perú -apuntó- no sólo no ha avanzado en este rubro: parece haber retrocedido" (Porter).

En nuestra opinión, la comparación con el vecino país del sur nos parece un paso permanente y obligado, simplemente porque es el país del barrio que está mejor ubicado en términos de competitividad, con el puesto 34. El siguiente vecino bien ubicado en el ranking es Brasil, que ocupa el puesto 56. Nosotros, en el puesto 61.

El Cuadro No. 1 presenta la comparación Chile-Perú, con base en el World Economic Forum, de los doce pilares sobre los que se basa el Índice de Competitividad. Los índices en donde nuestro vecino del sur obtiene una diferencia favorable igual o mayor a medio punto son: P1 Institucionalidad; P2 Infraestructura; P5 Educación Superior y Entrenamiento; P11 Sofisticación Empresarial; y P12 Innovación.

La diferencia más marcada con Chile y con el resto de países se registra en el Pilar Institucionalidad, lo que no debe sorprendernos, pues nos hemos pasado décadas desmantelando nuestra institucionalidad. La gestión de nuestro país destaca por su fragilidad. Debido a la débil institucionalidad, miramos el horizonte con miopía, la que se agudiza debido a la rotación de los ministros de Estado. Con cada cambio de ministro, suelen cambiar los viceministros y sus principales asesores (alrededor de 12 personas claves).

Debido a esa rotación, el Gobierno Central adquiere la fisonomía de una feria de ejes con sillas voladoras. Cada cierto número de meses, un eje deja de girar, se detienen las sillas y se bajan sus ocupantes. Suben los siguientes y, después de la juramentación en Palacio de Gobierno, empiezan a girar las sillas, hasta que se repita el proceso en un número indeterminado de meses. El proceso de cambio continuo dificulta mantener la continuidad en las políticas.

Como cada eje gira o se detiene independiente de los demás ejes, tampoco se da una continuidad suficiente en cada ministerio como para establecer puentes duraderos con otros ministerios, es decir, entre los sectores. Los sectores suenan como las cuerdas paralelas de una guitarra, pero sin melodía compartida. Las posibilidades de una coordinación perdurable para la toma de decisiones de políticas de Estado son limitadas.

El horizonte de cinco años, el cambio permanente, la falta de comportamiento sistémico entre sectores, hacen que la transitoriedad sea la característica de la institucionalidad en nuestro país, y que la gestión se mantenga obligadamente en una miopía de corto plazo. En la transitoriedad, el esquema se reproduce. En muchos aspectos, para nosotros el planeta Tierra sigue siendo plano, con difícil aceptación del cambio en las convicciones. En términos de fútbol, la continuidad no necesariamente resulta en mejores resultados. El proceso es el tema.

En Macondo, así le ocurrió a José Arcadio Buendía, cuando "por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, y les reveló su descubrimiento:

La tierra es redonda como una naranja".

Úrsula (su esposa) perdió la paciencia: «Si has de volverte loco, vuélvete tú solo -gritó-. Pero no trates de inculcar a los niños tus ideas de gitano»".

¿Cómo hacer para que Úrsula acepte lo que fuera de Macondo es obvio? En nuestro país, en tanto, encontramos la respuesta a esa pregunta, continuaremos desplazándonos en nuestro habitual retroceso, y nuestro cangrejo nacional continuará respondiendo: "avanzamos, hermano, avanzamos".

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