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Los "optimistas" y cómo aprovecharse de ellos

Vik AdNetwork | 19:34 | 0 comentarios

Por Luis Felipe Calderón Moncloa
Cuando profiero alguna de las peculiares ideas que eclosionan de mi cerebro suelo encontrar oposición en muchos de mis oyentes. Y eso me hace feliz pues me prueba que la idea es relativamente original y que va relativamente en contra del "sentido común".

De hecho, si la mayoría inmediatamente aceptara mi idea, me daría cuenta que estoy diciendo lugares comunes y frases tan políticamente correctas como inútiles. Sería el inicio de la senilidad y el fin de mi vida útil.

Pero, mientras la oposición y el debate me estimulan y los espero con emoción, lo que sí me desencaja y deprime es esa actitud de aquellos metidos a "buena gente" que pretenden descalificar mis argumentos preguntándome por qué soy tan "pesimista". Con lo cual no están diciendo que mi planteamiento sea falso sino estableciendo su supuesta superioridad moral al ser ellos, queda implícito, "optimistas", léase "buena gente", "positivos".

A este tema le he dado vueltas por años hasta que intuí una pista: la supuesta superioridad moral del "optimista" no es más que una máscara pseudo ética para ocultar su profundo pesimismo. Es refugiarse en la fantasía de que lo malo no existe para no tener que confrontarse con la dura tarea de solucionarlo. Y encima, darse el dulce consuelo que eso los hace superiores a quien sí se atreve a confrontarse con la realidad, con los problemas. Una trampa perfecta... a la que le ando buscando salida.

Entonces, me estoy planteando esta teoría (que espero que cuente con mucha oposición) que dice así:

Hay tres tipos de personas:
1º Los ultra pesimistas (mal conocidos como "optimistas")

Cuando sentimos que una realidad es demasiado dolorosa y además, lo más importante, nos sentimos incapaces de solucionarla, el cerebro humano tiene una "excelente" salida (un consuelo tonto, un mecanismo suicida): encontramos que una "buena" manera de reducir nuestra disonancia es auto engañándonos que el problema no existe o que no es tan grave.

El ultra pesimista (mal conocido como "optimista") es en realidad quien sufre de desesperanza y de sentimientos de impotencia y prefiere, ante este tremendo dolor, recurrir al inmaduro mecanismo de huir de la realidad y, para ponerle candado a este mecanismo y garantizar que nunca saldrá de su muy elaborada trampa, se inventa que hacerlo es moralmente superior y se sentirá con derecho a atacar a quien se atreva a hablar de lo que él o ella han preferido evitar.

Y se hace llamar a sí mismo con el eufémico y autocomplaciente adjetivo de "optimista" y crea toda una serie de teorías sobre lo hermoso del "optimismo" y de los vasos medio llenos... mientras los problemas reales siguen allí, intocados, no enfrentados, no solucionados; prosperando ante la sonrisa morónica y autocomplacida del "optimista" que tiene fe en que nada es tan malo como los horribles "pesimistas" señalan o que todo se solucionará por sí solo o que ya se está haciendo lo suficiente para corregirlo.

Un claro ejemplo de esto: creer que el Perú es un país en vías de desarrollo, solo porque sí. Sin necesidad de pruebas o evidencias. Y quien lo cuestione será automáticamente descalificado como pesimista y antipatriota.
2º Los sinvergüenzas que se aprovechan de los falsos "optimistas"

Las cosas no serían tan malas con el falaz mecanismo del "optimismo" (que en realidad es un ultra pesimismo) si no fuera porque hay sinvergüenzas interesados en mantener al "optimista" en su autoengaño y alejado de los reales problemas del mundo real.

En resumen, el mecanismo más eficaz y tramposo de esos sinvergüenzas es reforzar a los inocentes y engañados "optimistas" de que esa triste forma de ceguera es un mérito moral mientras que el confrontarse con la realidad real es un pecado de "pesimismo" y es moralmente reprobable.Quienes ganan con un status quo lamentable, quien lucra en la injusticia, quien "coimea, quien abusa, necesita que la mayoría esté feliz mirando a otro lado. Y necesita que cuando alguien le dice al "optimista" que algo malo está pasando, el "optimista" le conteste: "eso no puede ser", "no puede ser tan malo", "ya las autoridades lo están solucionando"... y, en el clímax del autoengaño, que contesten: "no seas pesimista", "debieras ser más optimista", "mira el vaso medio lleno". 3º Los verdaderos optimistas (mal conocidos como "pesimistas")

Para ser un verdadero optimista tienes que creer que los problemas, por más complejos que sean, sí tienen solución. Tienes que saber que, cueste lo que cueste, tome el tiempo que tome, los problemas sí tienen solución.

Pero antes de eso, debes creer que para poder solucionar un problema siempre el primer -durísimo- paso es enfrentarse a él, mirarlo descarnadamente y apreciarlo en toda su magnitud. Cualquier autoengaño, cualquiera subestimación, cualquier ceguera electiva y selectiva, solo te hará incapaz de solucionarlo. De allí que la actitud del verdadero optimista (mal conocido como "pesimista") de mirar las cosas como las ve -y gritarlo- es un primer paso necesario. Totalmente insuficiente, pero necesario.

Claro que quedarse en ese primer paso (en la denuncia, en el grito, en la queja) es criticable. Pero no por haberlo dado sino por no haber seguido adelante con los siguientes.

Y, después de haber superado el shock emocional que causa una confrontación tan descarnada con realidades desagradables, el verdadero optimista necesita tener la entereza emocional y moral de trascender la denuncia y dar los siguientes pasos: encontrar el camino y caminarlo, aunque ese camino esté plagado de dificultades que incluyen el ataque de los falsos optimistas y, más aún, el ataque de los sinvergüenzas que necesitan que todos seamos sonrientes "optimistas" y los dejemos en paz hacer sus tropelías y cometer sus delitos. ¿Seremos amedrentados por los "optimistas" y los sinvergüenzas o tendremos la entereza y tenacidad para llegar a dar estos siguientes pasos?

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